Muchos de los jóvenes, niñas y niños se sienten orgullosos de sus llamas y cuentan a los pobladores vecinos que sus llamas son el resultado de mucho trabajo y sacrificio. La experiencia ha sido muy positiva.

“Diálogos sobre violencia y paz” en La Resurrección

Colombia

Mar 26, 2024

La violencia siempre deja huella. Pocas cosas afectan tanto al ser humano como el hecho de haber sido víctima de algún acto violento, o de haberlo presenciado.

Quienes han crecido en mundos seguros y pacíficos y han vivido siempre en entornos protegidos, segurament eno pueden terminar de comprender qué significa vivir en sociedades donde la violencia es algo cotidiano, algo dolorosamente habitual.

Eso es, justamente, lo que nos planteamos hace un tiempo aquí en el barrio de La Resurrección, del Surde Bogotá. Para quien llega de fuera, no deja de ser impactante la frecuencia con la que aquí muchas personas refieren experiencias personales relacionadas con la violencia: doméstica, callejera, política. Es habitual que alguien te hable de un hermano, un hijo o un amigo al que mataron a tiros en las calles de estos barrios. Es normal que la gente te cuente historias violentas de la Colombia rural, de cuando tuvieron que dejar sus hogares y sembradíos por culpa del conflicto armado entre el ejército, la guerrilla y los paramilitares(conflicto que, a pesar de los acuerdos de paz firmados en 2016, está lejos de haber terminado). Es habitual que alguien te explique episodios de violencia en el hogar… de insultos, borracheras, gritos y golpes.

Y nos planteamos, ¿qué podríamos hacer al respecto? ¿Cómo aportar un poco de luz ante esta realidad, tan oscura, de la violencia?

Para tratar de dar una respuesta a esta inquietud, aunque fuera de forma muy limitada, hace unos meses decidimos dar inicio, aquí en la Parroquia La Resurrección, a un nuevo proyecto, que llamamos “Grupo de Diálogo sobre Violencia y Paz”. Invitamos a formar parte de este grupo a personas que hubieran sufrido el impacto de la violencia en sus vidas, ya fuera doméstica o callejera, aquí en Bogotá o en algún Departamento de la golpeada Colombia rural, hace poco tiempo o hace años. ¿El objetivo? Inicialmente, conversar sobre lo vivido, solo eso. Explicarlo. Compartir experiencias. Tener, como reza el nombre del grupo, diálogos sobre esta realidad, de la que tantas veces es difícil hablar.

Más adelante, la idea es ir desarrollando toda una reflexión colectiva sobre las raíces de la violencia, el modo de combatirla, el reto de construir una cultura de la paz, también desde la fe cristiana. A la larga, pensamos que lo ideal sería que estas reuniones ayudaran a sanar, al menos un poco, las heridas profundas que tanta violencia ha dejado en el corazón de mucha gente.

Nos sorprendió la buena acogida de la propuesta, y a mediados de agosto tuvimos nuestra primera reunión, con un grupo inicial de veinte personas. A la hora de escribir estas líneas ya llevamos varios encuentros, y, poco a poco, los participantes van perdiendo la timidez, el diálogo se hace más fluido, también más sincero, también, a ratos, más duro de sobrellevar, dada la crudeza de algunos de los testimonios que se comparten. Sin embargo, todos los que vienen a las reuniones coinciden en que el ejercicio les está ayudando a dejar atrás heridas antiguas y muy hondas, y que el esfuerzo merece la pena.

Sabemos que, en el mar de violencia (pasada, y también presente) que ha sido y sigue siendo la Historia reciente de este hermoso país andino (como la de tantos otros, lamentablemente), nuestra modesta iniciativa es insignificante. Y, sin embargo, para quienes vienen a las reuniones, comparten lo vivido, aprenden de ello y se comprometen a luchar por la paz, el grupo es importante. Al final se trata, ni más ni menos, que de poner en práctica una de las bienaventuranzas más bellas de Jesús: «Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios»(Mt 5,9).

Artículo publicado en diciembre de 2023 en la Revista 2023 de Sendera ONG.